Una mirada afirmativa de
la sexualidad,
vista a la luz
del amor.
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¿Por qué muchas veces se asocia el conocimiento del ciclo con evitar el embarazo? Es cierto que, en sus inicios, los métodos naturales fueron pensados principalmente para espaciar los embarazos. Esa idea quedó instalada en el imaginario colectivo. Sin embargo, es una cara de la moneda.
Los métodos de reconocimiento de la fertilidad no son solo una herramienta para evitar un embarazo. Tomemos como ejemplo el método Creighton: no fue concebido únicamente para espaciar embarazos, sino también para lograrlos y, además, para monitorear la salud de la mujer. Esto supone un cambio de mirada importante.
Poner el foco en saber cuándo se abre la ventana de fertilidad
Cuando una pareja busca un embarazo, no debería “olvidarse de la gráfica”. Al contrario, para que ese método sea eficaz, es necesario realizar el 100% de las observaciones.
Esto representa una novedad dentro de la planificación familiar natural y la paternidad responsable: no solo se trata de conocer la fertilidad para evitar un embarazo, sino también para poder alcanzarlo.
¿Cómo buscar un embarazo si no sabes cuándo eres fértil? ¿No es más razonable conocer el propio ciclo y, antes de iniciar la búsqueda, detectar posibles anomalías para poder tratarlas? De este modo, no solo se optimiza la búsqueda del embarazo, sino también, el embarazo en sí mismo y la salud materno-infantil.
Conocer para discernir
Quisiera invitar a repensar la idea de que conocer la fertilidad es sinónimo de mentalidad anticonceptiva. Conocer tu fertilidad es, en realidad, un regalo: es una forma de conocerte, de cuidarte y de entregarte mejor al otro. No se puede dar lo que no se tiene, ni cuidar lo que no se conoce.
Comprender cómo funciona la fertilidad no implica control ni manipulación, como a veces se piensa. Implica información. Esa información permite tomar decisiones conscientes. Son preguntas que se renuevan en cada ciclo y que forman parte de una verdadera paternidad responsable.
No se trata de gestionar o manipular, sino de escuchar al cuerpo y decidir en pareja. Conocer esta información no determina una mentalidad anticonceptiva. La actitud con la que la pareja utiliza esa información nace del corazón. Es importante resaltar en este punto que el corazón necesita ser educado, trabajado, para vivir en la verdad.
Por eso, la invitación es a reflexionar y comprender a qué nos llama la Iglesia, cuál es el camino que nos propone y qué enseña la encíclica Humanae Vitae.
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Al final, no se trata de elegir entre evitar un embarazo conocer tu fertilidad, sino de algo más profundo: aprender a vivirla con conciencia, respeto y verdad. Conocer el propio ciclo no limita. Al contrario, abre un camino de libertad, diálogo y crecimiento en la pareja.
Es una invitación a dejar de ver la fertilidad como un problema a gestionar o una incógnita desconocida y empezar a reconocerla como una dimensión valiosa de la persona que, cuando se comprende, se convierte en fuente de vida.
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En esta ocasión, indagaremos sobre la cirugía que utilizamos en naprotecnología: cuáles son las diferencias y por qué ayudan en el diagnóstico de infertilidad de origen desconocido.
La cirugía es uno de los pilares fundamentales de la Naprotecnología, por ello, es diferente a las cirugías que se realizan de manera convencional. La Naprotecnología no busca intervenir más, sino intervenir mejor. Esto es clave cuando hablamos de infertilidad de origen desconocido.
Las pruebas convencionales no siempre visualizan las causas
Muchas veces, detrás de ese diagnóstico hay causas que no se han detectado con pruebas convencionales, como una endometriosis silente que no da síntomas claros, adherencias pélvicas que alteran la anatomía sin ser visibles en estudios básicos o pequeñas alteraciones en los tejidos que afectan la función reproductiva.
Este enfoque permite identificar y tratar estas condiciones de forma precisa, abordando la raíz del problema en lugar de asumir que no existe una causa.
Se utilizan técnicas avanzadas, como la laparoscopia de contacto cercano (near-contact laparoscopy), que permiten:
- visualizar con mayor precisión las estructuras
- detectar lesiones que pasarían desapercibidas
- tratar patologías como endometriosis o adherencias de forma más fina
Otros abordajes quirúrgicos específicos
Además, en Naprotecnología se emplean otros abordajes quirúrgicos específicos según la patología, como la cirugía de excisión completa en endometriosis y la reconstrucción plástica pélvica.
En el caso de la endometriosis, la diferencia clave está en el enfoque: mientras que técnicas como el láser o la coagulación superficial “queman” o destruyen parcialmente las lesiones, la cirugía por excisión busca retirar completamente el tejido enfermo desde la raíz. Esto permite no solo aliviar síntomas, sino también reducir la recurrencia y mejorar el entorno reproductivo.
Restaurar, devolver la estructura y funcionalidad
La reconstrucción plástica pélvica, por su parte, se centra en restaurar la anatomía y la función de los órganos reproductivos cuando han sido alterados por adherencias, infecciones o cirugías previas. No se trata solo de eliminar tejido, sino de devolver al sistema su estructura y funcionalidad óptimas.
Este enfoque quirúrgico es más meticuloso y respetuoso con los tejidos, priorizando siempre la preservación de la fertilidad y la reducción de daño secundario.
Todo esto mientras se emplean materiales quirúrgicos específicos diseñados para:
- minimizar el daño tisular
- evitar la formación de adherencias posteriores
- preservar al máximo la función reproductiva
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Porque en fertilidad, no todo es “quitar” o “corregir”. Es también respetar el tejido y su función.
Este enfoque cambia el resultado, porque cuando unes:
- diagnóstico profundo
- cirugía precisa y respetuosa
- tratamiento de la causa real
dejas de hablar de infertilidad “sin explicación”… y empiezas a entender lo que está pasando.
Y eso, una vez más, lo cambia todo. Habías escuchado este enfoque en el factor masculino?
En el noviazgo pueden aparecer muchos miedos e incertidumbres del futuro matrimonio. Principalmente, la convivencia, si aparecerán cosas nuevas, si seremos compatibles, si sobreviviremos como pareja.
Quizá sea por lo que vemos en otros casos, sobre todo los más públicos o de figuras reconocidas. Comienzan las dudas sobre si realmente estamos destinados a sufrir problemas que “nadie puede evitar”, o condenados a ser uno más que pasó por eso. La respuesta es que sí, humanamente no podremos llegar lejos.
Somos distintos
Existe un libro muy recomendado del Padre Salvador J. Fornieles Cuando digo sí que pasa sobre el Matrimonio y sus gracias que explica muy bien este estado.
En la práctica, se puede reconocer que las peleas que teníamos en el noviazgo no son como las de casados.
Tiene que ver con la forma de ser de uno y otro, hasta dónde trabaja su carácter y quiere aprender. El caso es que, de novios, suelen ser peleas pastosas, con lenta reconciliación, o por lo menos incomprendidas en el fondo durante un tiempo.
Y es que al recibir el sacramento del Matrimonio nuestros corazones cambian efectivamente.
La Gracia del sacramento
No hay otra explicación. Como puede ser que antes era tan difícil reconocerlo, perdonarse, hablarse o no dejar de hablarse. Ahora hasta viviendo bajo el mismo techo puede ser resolverse tan sobre ruedas.
¿No es que íbamos a pelearnos permanentemente con una convivencia complicada? Bueno, tampoco es que todo vaya sobre nubes. Por supuesto que hay desencuentros, impaciencias, cuestiones “intolerantes” que se pueden o no acumular.
Solo hay una realidad completamente distinta queramos verla o no: ya no somos dos personas separadas, somos uno con Dios. Cuanto más nos apoyamos en Él y su gracia, más rápido y ágil es todo.
Crecemos, avanzamos, nos transformamos pareciéndonos a Él. Para eso, el marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura –por un motivo humano y sobrenatural a la vez– las virtudes del hogar cristiano. Repito: la gracia de Dios no les falta.
Unión intrínseca
“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.”
Es verdad que antes cada uno estaba muy cerca y en gracia de Dios. La de ahora es otra condición distinta.Esa unión es permanente y es su nueva condición. Mientras cada uno esté en sus cosas, estará unido al otro.
‘A donde vayan, irán juntos’ y unidos por el sacramento, depende de ellos continuar ese crecimiento y mejoría de ambos unidos a Dios, por medio de su gracia. Eso podría explicar porque pueden entenderse tan bien, solucionar mucho más rápido sus actuales y más complejos conflictos. La vida trae más responsabilidades que humanamente pueden parecer extremas, pero en donde.
Él cuenta con nosotros: el amor profundo e incondicional de los esposos, imagen del amor de Cristo por su Iglesia, que dio su vida por ella, parece teórico, pero no lo es, porque es expresión del “amaos como yo os he amado».
En orden a su Gloria
No es bueno que el hombre esté solo, y a pesar de eso puede estar el cuco de la multitud o tropa de familia. Seguramente porque no conocemos a una de cerca, donde las alegrías se multiplican y las penas se dividen.
Un regalo tan enorme son los hijos que llegan a despeinarnos completamente en todos los sentidos. Justamente ‘el matrimonio es el lugar donde se revela la Santísima Trinidad’, ‘en el matrimonio se forma una comunidad de personas a la manera de la comunidad de Personas de la Santísima Trinidad.’ ‘Éstase hace presente en el matrimonio y en esto consiste la semejanza.’
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Dios lo quiere así, y en esta vocación es nuestro deber aprehender a comunicarnos y cuidarnos como familia, primero que nada como pareja. ‘Cuando el hombre dice sí, el cielo también lo dice; cuando el hombre se une en matrimonio, Dios lo une, y mantendrá su voluntad unitiva para siempre.’
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