Una mirada afirmativa de
la sexualidad,
vista a la luz
del amor.
Artículos recientes.
Artículos recientes.
Para nuestro artículo de hoy nos vamos a centrar en una figura interesante: la princesa que espera en la torre. La pregunta que tenemos que hacernos frente a este arquetipo de los cuentos de hadas, que Disney luego plasmó en la película Enredados, es: ¿estoy viviendo mi vida como si fuera una princesa encerrada en una torre, esperando a que empiece?
Lo cierto es que, en el mundo contemporáneo, muchos caemos en esa falacia: nos encerramos en nuestra propia torre esperando a que nuestra vida «empiece» y no nos damos cuenta de que la vida es eso que está pasando mientras esperamos que comience. Porque lo que importa es el ahora, el único tiempo que realmente tenemos y que recibimos como regalo de Dios.
Por eso, en este artículo quiero compartirles cinco cosas sobre las que me quedé reflexionando después de ver a nuestra Rapunzel salir en busca de sus luces.
1. «Aun dentro de una torre hay mil cosas por hacer»
El primer momento de la película nos muestra a una Rapunzel que ha crecido en una torre, pero, lejos de vivir el encierro como una cárcel, su actitud fue: «Ok, ¿qué cosas puedo hacer, aprender, entender, crear?». Y así, poco a poco, aun en medio de su vida en la torre, Rapunzel no se quedó como un ente pasivo, sino que desde el primer momento fue la protagonista de su propia aventura.
La pregunta es: ¿cómo tomamos las torres que nos pone la vida? ¿Nos vemos como víctimas de ellas o intentamos, aun en los peores momentos, buscarle la vuelta al asunto?
Rapunzel habrá crecido en una torre, pero el acento está en que creció, no se atrofió. Aprendió, jugó, creó, hasta que la torre y mamá Gothel ya no pudieron contenerla. Porque la vida siempre encuentra su camino si la dejamos crecer dentro de nosotros, respondiendo a la gracia de Dios.
2. «No basta con crecer dentro de la zona de confort; hay que animarse a salir sin culpa»
Y así llegó el día en que la torre y mamá Gothel no pudieron contener a Rapunzel. Entonces, Gothel hizo lo posible por sembrarle la culpa por crecer. Esa idea peregrina que se mete en nuestro corazón y nos hace sentir culpables por ser aquello que Dios nos llamó a ser.
Digamos que la idea que siembra mamá Gothel es la opuesta a la frase de Catalina de Siena: «Sé lo que debas ser y prenderás fuego al mundo». Algunas veces tenemos madres o padres Gothel reales que nos quieren manipular desde la culpa y evitar que respondamos al llamado de las luces de nuestra vida, que es la vocación que Dios nos dio. Otras veces, esa voz somos nosotros mismos, representando el miedo de dejar lo conocido, aunque sea angosto, por lo desconocido, que es ancho y vasto.
Pero lo cierto es que Jesús nos llama a poner la mano en el arado y no mirar hacia atrás, sino a seguir adelante y creciendo en su gracia.
3. «Mi vida no es una sala de espera que está esperando a comenzar»
Así llegamos al corazón de este artículo. Muchas veces podemos tener la tentación de pensar: «¿Cuándo mi vida va a empezar?». Y queremos responder esa pregunta diciendo: cuando me ponga de novia, cuando me case, cuando tenga hijos, cuando me reciba, cuando me doctore…
Y la vida se transforma en un proceso kafkiano, lleno de salas de espera intermedias y de «sueños por cumplirse» que, como Sísifo, nunca llegan, porque encontramos que la realización verdadera no está en ellos. ¿Por qué? Porque nuestro corazón no fue hecho para ellos. Si los ponemos en el centro de nuestros anhelos y no como un anhelo, corremos el riesgo de que el peso de nuestro corazón nos arrastre a una espera que jamás se va a solucionar.
Rapunzel quería ver las luces, pero las luces no eran la respuesta a su vida. Al animarse a salir a buscarlas y a vivir la aventura que la llevaba hacia ellas —desde conocer a Flynn (Eugene) hasta cantar con los malandras del bar sobre sus sueños—, logró expandirse y encontrar no solo el sueño de las luces, sino también el sueño del amor, de la familia, de los amigos y de su verdadero lugar como princesa.
Entonces, la cuestión está en cómo tratamos el camino: ¿es una aventura o una sala de espera?
4. «Es importante animarse a soñar aunque no se vea todavía el camino hacia ese sueño»
De este modo, si vivimos la vida como una aventura, si vamos creando lore, no solo momentos, sino que nos adentramos bien dentro de nuestra saga nórdica, ya no vivimos dentro de un proceso burocrático de salas de espera, sino que salimos en busca de aquello que esta vida, regalo de Dios, nos puede dar.
Así, somos exploradores en busca de un sueño, de un tesoro perdido. Quizá no sabemos dónde ni cómo vamos a llegar, pero ese sueño que nos anima a seguir es esa llama de amor vivo dentro nuestro. Todos poseemos un sueño y nos preguntamos cómo vamos a llegar. Ese deseo que C. S. Lewis llamó alegría nos señala el camino y nos va haciendo encontrar las distintas etapas de nuestra aventura, hasta que llegamos a nuestro verdadero Hogar.
Por eso es importante soñar. No se trata de no ponernos metas o sueños, sino de ponerlos en su lugar.
5. «Aprender a amar es aprender a donarse y no adueñarse»
La última parte de la película y de este artículo nos muestra algo interesante: el sueño de Rapunzel y de Flynn dejó de ser unipersonal y llevó a un sueño compartido. La isla de Flynn dejó de tener sentido y las luces comenzaron a ser una realidad que lo hacía ver la verdadera Luz.
Al contrario de mamá Gothel, Rapunzel descubrió la paradoja del deseo: este solo florece si se lo deja ir, si no se lo aferra de manera desesperada, puesto que, de lo contrario, puede convertirse en nuestra propia trampa mortal. Por eso, amar es aprender a donarse, a tratar al otro con amor y como persona que busca su fin.
No se trata de no buscar nuestros sueños, sino de aprender que, cuando estos se comparten libremente, cuando colaboramos entre todos por el sueño de cada uno, el amor se expande, porque el bien es difusivo de sí. Mientras que, si nos encerramos en la torre del dolor y del cuidado de «nuestro propio tesoro», el sueño se convierte en pesadilla, que es lo que le pasó a Gothel.
Sin embargo, en el caso de Flynn y Rapunzel, el sueño sacrificado fue eucatástrofe: restauró las cosas a su lugar, pero mejor.
Por eso, para cerrar, les pregunto: ¿Dónde está tu corazón: en la torre o en la aventura?
¿QUIERES SER UN
AMA FUERTE LOVER?
¡Suscríbete!
Muchas veces cometemos el error de dar por sentadas ciertas cosas de la vida. Creemos que todo ocurre de manera lineal, espontánea, casi «porque toca». Poco a poco, perdemos la capacidad de asombrarnos ante lo que vivimos y esto, aunque no siempre nos demos cuenta, puede afectar también a nuestra relación de pareja.
En este artículo quiero hablarte de la importancia de recuperar esa mirada de asombro y, si estás casado, de aprender a mirar nuevamente tu matrimonio como lo que realmente es: una realidad extraordinaria que un día no existía y que hoy forma parte de tu vida.
El matrimonio como una realidad nueva
Una idea que me gustó especialmente del libro Más que juntos, de Lucía Martínez y María Álvarez de las Asturias, es que cuando dos personas se casan nace una realidad nueva. Antes existían dos personas y una relación; ahora existe también un matrimonio.
Podemos compararlo, salvando las diferencias, con el nacimiento de un niño. Cuando nace un bebé, sus padres se asombran ante una persona completamente nueva. Observan sus dedos, sus gestos y sus primeras sonrisas. Después se maravillan con sus primeras palabras y sus primeros pasos. Cada novedad parece extraordinaria.
Con el matrimonio, en cambio, puede ocurrir algo curioso: cuanto más tiempo pasa, más fácilmente perdemos esa capacidad de asombro.
Damos por sentado que el otro está ahí. Damos por sentadas nuestras rutinas, nuestra casa, nuestros acuerdos y nuestra forma de vivir. Las vacaciones, porque tocan; la compra del supermercado, porque toca; salir a comer, porque es parte de nuestra vida, como lo es un beso, un abrazo, las relaciones sexuales… Todo puede terminar incorporándose a un sistema de cosas que simplemente «tocan».
Detrás de esas rutinas, de los hijos, las cuentas, las listas de la compra y las obligaciones cotidianas se esconden discretamente muchas cosas que alguna vez deseamos y que hoy son una realidad.
El amor también merece asombro
Pensemos por un momento en lo extraordinario que supone que dos personas se conozcan, conecten, se enamoren, que ese amor sea recíproco y que decidan construir una vida juntas.
Desde una mirada cristiana, detrás de esa historia también podemos reconocer la providencia de Dios. Nosotros elegimos, decidimos y construimos nuestra relación, y hubo también circunstancias que permitieron que nuestras vidas se cruzaran.
El problema es que con el tiempo podemos olvidarlo. En terapia de pareja es frecuente escuchar a personas que se concentran en aquello que el otro hace mal, en sus defectos o en lo que ha dejado de hacer. Algunas de esas críticas responden a problemas reales que deben abordarse. Otras son, en el fondo, un grito desesperado de afecto: «antes eras más cariñoso», «ya no tienes tiempo para mí», «parece que todo es más importante que nosotros».
Precisamente porque el amor nos importa, sufrimos cuando sentimos que comienza a faltar. Por eso necesitamos recuperar la gratitud antes de que la rutina nos haga olvidar el valor de lo que tenemos. Quiero proponerte tres ejercicios muy sencillos para entrenarla.
Ejercicios para entrenar la gratitud
1. Agradece por tu pareja también cuando reces: cuando atravesamos una dificultad con nuestra pareja es natural pedir ayuda a Dios: que nos ayude a superar una crisis, que nos dé paciencia o que ayude al otro a mejorar aquello que está dañando la relación.
Podemos añadir algo más: dar gracias por la existencia del otro. Incluso en un momento difícil podemos agradecer haber conocido a esa persona, los años compartidos, aquello que hemos construido juntos y la oportunidad de haber amado y haber sido amados. No se trata de negar los problemas, sino de impedir que los problemas nos hagan olvidar todo lo demás.
2. Vuelve a decir «gracias» y «por favor»: con los años podemos comenzar a interpretar muchas acciones del otro simplemente como obligaciones: «le corresponde hacerlo». Detrás de cada obligación sigue existiendo una persona.
Dar las gracias por haber preparado la comida, hacer la compra, dejar listo el café, ordenar la casa, pagar una cuenta o encargarse de los niños puede parecer insignificante. Ayuda a transformar el clima cotidiano de una relación.
Lo mismo ocurre con pedir las cosas por favor. La confianza no debería significar la desaparición de la cortesía.
La gratitud se parece un poco al ejercicio físico: necesita repetición para convertirse en hábito. No basta con sentirla. También hay que aprender a expresarla.
3. Practiquen la nostalgia positiva: Finalmente, los invito a mirar juntos hacia atrás. Hoy podemos discutir sobre dónde pasar las vacaciones, y quizá hubo un tiempo en el que no teníamos dinero ni para plantearnos viajar. Hoy nos agobian los berrinches de los niños, y quizá años atrás llorábamos frente a un test de embarazo negativo. Hoy nos molesta que el otro haya olvidado algo de la compra, y hubo un momento en que deseábamos profundamente encontrar a alguien con quien construir una familia.
La nostalgia positiva nos ayuda a descubrir algo importante: algunas de las cosas que hoy damos por sentadas fueron, alguna vez, nuestros sueños. Miren fotografías antiguas. Recuerden su primera cita. Hablen de aquello que les enamoró. Pregúntense qué cosas de su vida actual habrían emocionado profundamente a aquella pareja que estaba comenzando su historia. ¡Cuidado con caer en la idea de <<todo tiempo pasado fue mejor>>!
***
Que nunca sea «porque toca». Ahora les toca ponerlo en práctica. Pueden leer este artículo juntos y escoger solamente uno de estos ejercicios para comenzar.
No necesitamos convertir cada día en algo extraordinario ni vivir permanentemente emocionados. Se trata simplemente de evitar que la costumbre nos vuelva ciegos ante el bien que tenemos delante.
Cuidar un matrimonio no consiste únicamente en solucionar aquello que está mal. También significa seguir siendo capaces de reconocer aquello que está bien. De vez en cuando, detente, mira a la persona que tienes a tu lado y recuerda que hubo un tiempo en que todavía no formaba parte de tu vida. Y díselo: «qué bueno que estés en mi vida».
La mujer, en su esencia, tiene la potencial función de fecundar, algo que comienza a ser posible desde el inicio de su vida, transitando cada etapa, hasta que llega el momento oportuno para poder concebir. Aunque no todas lo hagan, siempre será un signo de salud en cada caso poder reconocer su ciclo menstrual.
Una trayectoria de toda la vida
Es increíble ver cómo el sexo femenino, desde su concepción cromosómica, comienza a codificar su expresión. Esta se dará en sus órganos sexuales internos y externos que la diferencian del varón y determinan su camino a lo largo de toda su vida. Porque sin ser injusto ni elegible, simplemente es mujer. Tiene funciones y opciones que, el varón, no.
Puede parecer peor para algunos, lo mismo son órganos y funcionalidades distintas que, desde el comienzo y para toda su vida, marcan y construyen quién es y será.
Así, es la maravilla de la naturaleza “al azar”, que no se detiene desde que inicia esa vida, y la acompañará, durante todo el camino, en sus distintas etapas.
La menstruación
Nace con el número de folículos totales, de los cuales solo algunos podrán ovularse a lo largo de todos los ciclos de su vida, uno por mes.
Gracias a sus hormonas cerebrales, podría comenzar este ciclo menstrual con fecha de caducidad, incluso su eficacia comienza normalmente en subida y termina declinando poco a poco. Así es que dichos polos no son los mejores naturalmente para concebir. Ni física ni mentalmente, claro.
El primer arranque del ciclo que se da con la menstruación es la caída de la última capa del útero, órgano donde crece el bebé, que se ha formado durante ese primer ciclo donde seguramente ha ovulado. Esta es la primera y poco a poco iremos descubriendo su normalidad, ya que al comienzo hay meses que puede no estar.
Lo importante es que suceda antes de los 16 años. A partir de ahí, todos los meses luego de dos años. Un indicador de sanidad es que no duela cada vez más o nos deje de cama. Otro, la cantidad. Son varios los factores a conversar y controlar con el médico.
Fertilidad
A partir de entonces podríamos tener la capacidad de quedar embarazadas. Siempre, desde antes de la primera menstruación por el hecho de haber ovulado. Por eso, es tan importante conocer nuestro ciclo, para poder planificar cuándo. Es así que un entrenamiento efectivo es más preciso que cualquier barrera para poder decidir cuándo tener bebé.
El embarazo es una etapa milagrosa. Puede parecer muy fácil y renunciable para algunos casos, pero para muchos es algo que no llega. Siempre es un milagro ser cocreadores, traer una vida al mundo, cuidar de ella desde el inicio, tenerla, verla crecer.
Esa capacidad detiene el tiempo y le da un giro completamente distinto al crecimiento personal. Estoy segura que también naturalmente y a propósito.
Esta etapa parece larga y solo son alrededor de 30 años de su vida que estará acompañada de sangrados menstruales, ya sea como signos en de salud femenina, como la menstruación o por puerperio por ejemplo, por sangrados inusuales o por estudiar. Ese órgano llamado útero es el responsable de los mismos y no es el único protagonista de ello.
El útero, junto a los demás órganos internos y las hormonas secretadas, expresan su salud y sus diversas variaciones a lo largo del mes.
Es realmente una brújula de autoconocimiento, ya que las hormonas juegan el papel de cambios de humor, de ánimo, estado físico, entre otros. Cada fase del ciclo marca esos tiempos, pero nunca de igual manera en todas.
Cada mujer tiene sus variaciones porque todo puede fluctuar su ciclo sin ser irregular, simplemente porque somos una sola cosa y podemos interrumpir, prolongar o suprimir la misma ovulación con diversos factores de nuestro estilo de vida.
Menopausia
Lo que parece interminable y tan molesto, termina mucho antes de lo esperado. Llegará esa etapa donde la mujer dejará de producir hormonas y, por ende, ya no menstruará. Serán cambios drásticos de salud y humor propios de esta etapa, molestias de todo tipo, calores y más que avisarán la llegada de la menopausia.
Cierra, entonces, el ciclo de edad fértil que la acompañó hasta aquí, que le permitió tener hijos y, gracias a ello, quizá tenga nietos ahora. Cuidarán de ella, a quienes ella podrá transmitir todo lo aprendido.
Comienza una nueva etapa de autocuidado y autoconocimiento. Para algunas recomenzar o reconstruirse, para otras abrazar todo lo que hasta aquí han construido para seguir edificando los últimos ladrillos.
***
Todas, incluso Nuestra Madre, han pasado y pasarán por ello. Es algo normal, propio de nuestra especie. Quizá la sobre información abruma, pero al vivirla personalmente reaparece la realidad que nos asienta en la tierra. No dejemos de mirar al Cielo, que todo esto nos ha sido dado para poder llegar allí arriba!
CURSO ONLINE CERTIFICADO
Fundamentos
de la sexualidad.
Certificado por la Universidad Fasta.